Bebo hasta no sentir nada, hasta perder los sentidos y olvidarme de sus ojos celestes.
Bebo hasta llegar a la ilusión de que no le necesito acariciándome o diciéndome que soy la mujer más bonita del mundo y que me quiere, para él, solo para él.
Bebo hasta que cualquiera se convierte en él y yo me pierdo en los labios del primero que pasa.
Bebo porque me duele haber cometido errores.
Bebo porque le echo de menos.
Bebo porque le quiero.
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