Van a hacer seis meses desde que se marchó y, hasta ahora, solo he hecho lo de siempre. Salir de discoteca con mi hermano, porque no lo he dicho pero tengo un hermano, un poco gilipollas la mayoría de las veces pero se hace querer. Vender aquello que comerciamos, por lo que cada vez siento más repugnancia y... bueno, eso son otros temas que supongo que algún día escribiré también. Duermo, o lo intento, pero normalmente me levanto mil veces en la noche o en el día, sobresaltado, pesadillas por todas partes. A veces incluso sueño con cosas que jamás pensé que soñaría, personajes de Harry Potter, los Merodeadores, que aparecen y desaparecen dejándome un nudo en la garganta y haciendo que tenga que levantarme de la cama a por un vaso de agua y bajar esa maraña de pensamientos, de recuerdos, de mentiras y, por qué no decirlo, de lágrimas.
Van a hacer seis meses y yo sigo sin superarlo.
Seis meses y poco a poco he dejado de ver a mi mejor amigo, es normal entonces que esté escribiendo aquí y no en su cama, metiéndole mano, lloriqueándole como una nena porque ciertos ojos aguamarina no se dejan ver. Quizás el se reiría, diría que soy una maricona y ambos nos enzarzáramos en una leve pelea en la que, si, creo que acabaría riéndome como hace semanas que no río.
Pero en vez de eso estoy aquí, buscando los abrazos de mi hermano por la noche y es que, joder, me cago mi puta madre, soy una maricona, lo soy, desde que se fue lo soy cada día. Y le busco con la mirada por la calle aunque sé que ya no vamos a frecuentar los mismos sitios. Aunque cruzarme con él sea cada vez más imposible y, aunque no lo fuese, ¿Qué iba a hacer? ¿Pedirle una explicación? Entonces sería cuando me daría cuenta que su única explicación será que yo le mentí.
Y él no soporta las mentiras.
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