Y es que es eso lo que siento, frío, mucho frío. Frío interior en pleno y caluroso junio y no sé explicar por qué. Quizás porque veo cosas que me duelen, o cosas que en el fondo me ablandan y me hacen pensar que realmente hay una persona a la que le importo. Pero después está esa otra parte de mi, que quiere verlo de forma absurda y que le gustaría ser más fuerte de lo que es, diciéndome que siempre me dan patadas y yo no hago nada por evitarlo.
Es entonces cuando callo y otorgo.
Y los silencios no son más que palabras que no se atreven a salir de mis labios por miedo.
Miedo a todo.
Entonces el frío se apodera de mi.
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