No es sensación de amor, ojalá fuera eso, ojalá fueran nervios y amor, pero no, no es eso. Es un nudo en la garganta reprimiendo lágrimas que luchan por salir a la vez, todas juntas, demasiado tiempo retenidas. Es cuando el fruncir los labios e intentar respirar hondo se vuelve inútil y esas malditas gotas de agua salada caen, surcando mis mejillas y entonces comienzo a llorar y no paro. Y ya no sé si es por que tengo ganas de llorar o porque me frustra acabar llorando siempre. O, bueno, en realidad ni siquiera sé por que lloro.
Pero me duele el pecho, es literal, está ahí, doliéndome cuando respiro. Ahogándome. Presionándome. Como si no tuviese más nada más que hacer que joderme las noches y los días haciéndome estar mal por un motivo inexistente. Porque sí, maldita sea, sí, es inexistente.
No me pasa nada.
¿Se puede comprender? El hecho de que no me pase nada, ni grave ni suave, nada, solo eso, nada, pero sin embargo parece que me pasa todo. Porque puedo sonreír, claro que si, y reírme, pero de buenas a primeras me echo a llorar, por todo, por lo bueno, por lo malo, por lo que mi mente quiera inventarse para echarse a llorar. Y creo que estoy empezando a volverme loca, a no entender nada de lo que pasa a mi alrededor.
Solo quiero perderme y respirar hondo, quizás así encuentre la salida.
Un Cacahuete que se niega a volver a tiempos pasados.
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