Decir adiós no es fácil, nunca ha sido fácil y nunca lo será. Decir adiós es concienciarse de que algo va a pasar y que en el fondo, aunque digas lo contrario, no quieres que pase, pero está ahí y quieres dejar constancia de que te importa. Decir adiós es mostrarle a la persona que, aunque las cosas nunca han ido bien entre vosotros, algo os une, mejor o peor, pero algo hay. Algo que diciendo adiós muestras que está ahí, en el corazón.
Yo no dije adiós porque fui cobarde.
Yo no dije adiós porque quería concienciarme que, a pesar de todo, no quería que eso pasase.
Da igual por que coño no dije adiós, no lo hice y ya es tarde.
Y ahora, mientras pienso que una persona mil veces mejor que tú está a tu lado, llorando por ti después de todo lo que le has hecho y lo que ha pasado. Ahora que esa persona, que es una de las más importantes de mi puñetera vida, está ahí pasándolo mal y yo no puedo estar con él es cuando me doy cuenta que quizás debería haberme enfrentado a mis gilipolleces y haber ido a decirte adiós.
Por mi, por ti, POR ÉL.
Y es absurdo, porque ahora es tarde.
Tarde para todo y tarde para nada.
No sufras, quiero decirte adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario