Aceptar que los príncipes no existen solo me llevan a una conclusión, que en el caso de que existan serán ladrones. Ladrones, escoria, malos de cuento. Pero bueno, siempre he dicho que las cosas buenas no siempre son tan buenas y viceversa. Aunque un cacahuete no quiere creer en el amor, se siente solo.
Y a veces la soledad está bien, todos la necesitamos de vez en cuando. Pero léeme bien, DE VEZ EN CUANDO, no siempre. Y realmente no creer actualmente en el amor solo me hace pedir a gritos que alguien me demuestre que existe y que yo también puedo sentirme querida.
Noches de sueños extraños, finales de cuento que nunca llegan, obsesiones que se agrandan a paso de gigante día a día, dietas que no acaban y complejos que me aplastan. Me siento tan pequeña, tan frágil, tan rompible.
Un cacahuete de cristal.
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