Era la primera semana en el centro de desintoxicación y ya notaba que me ahogaba. Me había costado mucho irme de casa sin lanzar una maldición mortal al gato, que aún cuando no había salido de mi cuarto ya se había hecho dueño y señor de mi cama. Mi madre insiste en que es solo un gato y que no lo hace con mala intención, pero sé que cuando vuelva a casa mi cuarto olerá a él y yo odiaré tumbarme en mi propia cama.
Me costó ignorar el hecho de que ni Marie, ni nadie, fueran a venir a desearme suerte o a darme ánimos. Sabía que Marie estaba demasiado ocupada, pero particularmente me daba rabia mi exnovia. Si, exnovia.
- “Es mejor que solo seamos amigos”.
Eso dijo Eline cuando le conté donde iba a estar las dos semanas siguientes. Bonita forma de decir “Hasta nunca, Jasper”. Y no me equivoqué, no volví a saber de ella en toda la semana y, por lo tanto, tampoco tuve el gusto de verla a mi marcha. Aunque bueno, tampoco es que fuese un trauma el hecho de volver a estar sin pareja, realmente no estaba enamorado de ella.
No me había drogado en toda la semana en el centro, y sabía que eso estaba bien. Significaba que iba progresando. Aunque en aquel lugar cualquiera hacía lo contrario a lo que le mandaran. No se estaba del todo mal, el único problema era que apenas me dejaban hacer nada. Tenía estrictamente prohibido comer cualquier cosa que no estuviese en no se qué absurda lista de alimentos permitidos. Tenía prohibido estar más de 10 minutos en el baño, no podía hacerme ni una dichosa paja tranquilo, estaba todo el tiempo vigilado. Y lo que más me jodía, no podía fumar. Simplemente no me dejaban, en ningún sitio. Ni en la parte exterior, ni en la interior y por supuesto nada de fumar en los baños. No podía más, no drogarme lo admitía. Me costaba, pero lo admitía. ¡¡Pero no fumar no!!
Me asomaba a la ventana una y otra vez, deseando que el tiempo pasase pronto y se acabase mi tiempo de estar encerrado. Creo que acabé dejando de sentir las ganas de droga por la simple falta de la nicotina y el humo saliendo de mí. Y aún me quedaban otros siete días… con sus seis noches.
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