2/3/11

Capitulo 1 - Donde comienza el humo.



Llevaba más de una hora esperando en la sala de espera de aquel hospital cuando por fin dijeron mi nombre.

- Jasper, Jasper Lindberg.

Me levanté en silencio y me dirigí lentamente a la consulta número 3, dónde ya sabía que el Doctor Lars Mattsons estaría esperándome con ese dichoso cuaderno en el que apuntaba cada uno de mis gestos o mis palabras. Entré arrastrando los pasos como si me costara andar, realmente no quería seguir yendo a aquel sitio en el que me psicoanalizaban todo el tiempo, no quería seguir sintiéndome observado, pero, sobre todo, no quería seguir escuchando a mi madre llorar todas las noches. - Por eso vengo a este lugar - Me recordé a mi mismo en silencio, dándome fuerzas para volver a enfrentarme a ese hombre sueco de pelo oscuro y mirada penetrante mientras me hacía infinidad de preguntas para las que ya sabía la respuesta. Sabía que hacía ya minutos que me estaba observando y que yo aún no había dicho ni los buenos días, pero hasta que no me senté frente a él en esa incomoda silla de madera no me digné a dirigirle la palabra.

- Buenos días.

- Buenos días Jasper, ¿Que tal ha ido esta semana?

- Bien - Dejé arrastrar la última sílaba, él ya sabía que no había sido un bien sincero, la verdad es que apenas había conseguido dormir y había vuelto a recaer. Tampoco tuve que decir nada más, el hombre me miró de arriba abajo y ya supo la respuesta a la siguiente pregunta, pero eso no le impidió hacerla con un gesto de reproche.

- ¿Has vuelto a tomar? - Asentí sin palabra alguna y miré a otro sitio, me sentía mal cuando me miraba con esos ojos color caramelo y veía decepción en ellos, me sentía mal cuando sabía que podría haberlo evitado pero, ahí estaba, después de una semana difícil volviendo a encontrarme con esos ojos, reprochándome el haber vuelto a recaer una semana más de tantas otras. Él no dijo nada hasta pasado unos minutos, mientras apuntaba en su cuaderno mis negativos avances en el tema. Suspiró y me miró de nuevo. - Jasper, vamos a tener que hacer algo contigo. Te hemos dado un margen de libertad para que intentases poner fin a tu problema junto a nuestra ayuda, pero eso no está funcionando. Va siendo hora de hacer lo que pensamos desde el principio, lo siento pero me temo que vamos a tener que internarte en un centro de desintoxicación durante unas semanas. - Creo que rodé los ojos sin querer, como esperando si esperaba que eso pasara desde hace ya semanas.

Hacía mas de tres meses que había vuelto de España, estaba yendo al psicólogo todas las semanas e iba a un centro de desintoxicación tres veces por semana, también frecuentemente hacía leves visitas a mi endocrino, las drogas habían acabado por destrozarme el sistema digestivo y las pastillas, como por ejemplo los protectores, se habían hecho paso en mi dieta diaria. Desde que empecé a ir no había dejado las drogas, si bien se me iban agotando las existencias y hacía demasiado tiempo que no estaba en Suecia como para saber donde conseguir, pero aún tenía varías bolsitas guardadas por mi dormitorio, escondidas allí donde mi madre no las pudiese ver. El psicólogo lo sabía, no había más que ver mi cara y la forma en que desviaba las miradas cuando me preguntaban para saber que yo no estaba haciendo nada por dejarlas, sí, iba a los sitios que mi madre me mandaba, pero iba para que ella se tranquilizara y dejara de llorar.

- ¿Jasper, estás ahí? - Parpadeé, me había sumido tanto en mis pensamientos que no había escuchado nada de lo que el Doctor Lars había dicho en todo este rato. Asentí y me disculpé, escuché durante unos minutos que se me hicieron eternos como era el lugar al que iba a ir y que es lo que haría allí, también me dijo que lo hablaría con mi madre y que estaría todo dispuesto para el día siguiente. Fui asintiendo sin prestar mucha atención, realmente me daba igual. Cuando terminó me despidió con unas dos o tres advertencias y me dejó marchar.

Me coloqué los cascos y me dirigí pacíficamente a casa de la que actualmente era algo así como mi novia, tendría que decirle donde me iba a meter las próximas dos semanas o acabaría enfadándose montándose esas extrañas paranoias que a las chicas de su edad se les pasaban por la cabeza. Y así, con un cigarro en la mano a punto de ser encendido, caminé derecho a los edificios blancos donde me esperaba Eline.

No hay comentarios:

Publicar un comentario