Entre ayer y hoy he tenido unas sensaciones que no pensaba que tendría. He vuelto a Huelva y no solo se me ha hecho raro ir a la estación de autobuses y pillar el autobús que estaba estacionado como siempre en el andén numero 13. No, no solo eso. Si no que el camino ha estado extrañamente lleno de pequeños recuerdos y, por un momento, cuando llegué a DAMAS Huelva esperaba que cierta persona de sonrisa afable y ojos que cambian de color con el mar estuviese ahí, esperándome, como hace años. Esperando recibirme a mi cuando bajara de ese autobús y marcháramos a otro lugar que tengo demasiado bien grabado en mi mente y que recuerdo como si aún estuviese allí.
Pero como es evidente no fue así. Estar con mi amiga Wiwe es como olvidarme del mundo completamente, no pienso en nada de lo que me preocupa cuando estoy con ella, solo me río muchísimo y me lo paso bien. Descargo nervios y me paso el día haciendo el tonto. Y además están los Monglers que, sin hablar con ellos, me reciben con cálidos abrazos y sonrisas como si el tiempo nunca hubiese pasado... Como si siguiesen ahí para siempre.
Por alguna extraña razón cuando salí por Huelva a la noche me sentí extrañamente familiar, iba por la calle y me saludaban personas que hacía por lo menos más de un año que no veía. Era como si yo hubiese vivido ahí de verdad, reconocía caras y no era todo extraño y sin sentido. Me sentía en casa, cosa que a veces no me pasa ni siquiera en mi ciudad. Y no voy a mentir, quería encontrarle a él. Inconscientemente mi mente le buscaba, deseaba encontrarle y mirarle. Deseaba poder escucharle de nuevo y decirle que, a pesar de todo y del tiempo, le echaba de menos. Y no malinterpretemos las cosas, simplemente fue una persona demasiado importante para mi con la que viví tanto tiempo que el haberla eliminado completamente de mi vida no es exactamente lo que yo deseaba. Porque yo le quise, muchísimo, demasiado, y es extraño estar allá sin siquiera poder saber como le va.
En conclusión ha sido muy buen "fin de semana" porque me lo he pasado estupendamente, pero también ha sido extraño y confuso. Me ha alegrado de ver a mucha gente y de saber que aún recuerdan mi nombre. Me ha gustado ser abrazada con cariño después de tanto tiempo y me ha encantado compartir tiempo con todos aquellos que una vez formaron parte de mi vida activamente. Porque sin lugar a dudas necesitaba un día así, y me llenasteis todos de alegría.
Un Cacahuete que ha viajado al pasado en el presente.
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